Portada del libro El día que se perdió la cordura de Javier Castillo

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El día que se perdió la cordura de Javier Castillo

Reseña sin spoilers

Thriller con mayúsculas y minúsculas. Empieza como un puñetazo: un hombre desnudo caminando con una cabeza en la mano. Impactante, sí. Pero luego el libro entra en su propio laberinto de giros, flashbacks y voces narrativas que se pisan unas a otras. Entre 1996, 2013 y un montón de salas psiquiátricas que parecen sacadas de una peli de sobremesa, Javier Castillo construye un rompecabezas que se lee rápido, se entiende a ratos y se olvida más deprisa de lo que quisiera.

mi reseña

La lectura es adictiva, no lo niego: capítulos cortos, cliffhangers bien colocados y una narración que busca el efecto más que la coherencia. Es de esos libros que hacen que digas “una página más” y acabas con cien, pero sin recordar muy bien por qué. Hay escenas potentes, ideas que podrían haber sido brillantes, y una sensación constante de esto podría haber sido un bombazo si lo hubiera trabajado más.

El gran problema está en la verosimilitud: psicólogos que dirigen psiquiátricos, secuestradores entrañables, amores instantáneos que dan más miedo que ternura. Todo ocurre con la velocidad y el dramatismo de un guion de serie adolescente. En ese sentido, tiene un punto kitsch involuntario que casi se disfruta si entras en el juego.

«Entre el suspense y el absurdo hay una frontera muy rentable»


Como lectura de desconexión cumple, y se nota que Castillo sabe montar espectáculo. Pero si buscas rigor o profundidad psicológica, mejor sigue caminando con la cabeza bien puesta.

Veredicto: lectura fácil y entretenida, ideal para desatascar bloqueos o viajes en tren largos. No hace perder la cordura, pero tampoco la devuelve.

te gustará este libro si:

  • te van los thrillers de ritmo frenético, aunque a veces pierdan el norte
  • disfrutas más del misterio que de la lógica
  • te gusta sentirte dentro de una serie de Netflix llena de giros imposibles
  • no te importa que los personajes se enamoren, huyan o desaparezcan en cuestión de dos páginas